Contextualizado en la ciudad de Cochabamba, región caracterizada por el bilingüismo, el presente artículo permite comprender las razones que posibilitan que una lengua indígena como el quechua, a pesar del constante desplazamiento que sufre por parte del castellano, siga persistiendo de una manera tan tenaz.
A través de entrevistas a tres individuos bilingües, la autora indaga sobre el reconocimiento del aspecto simbólico que sus hablantes le asignan al quechua en el mundo citadino y modernizante. Esta investigación concluye que, en contraste con lo que lingüistas y estudiosos presuponen, la superación de la condición diglósica de la lengua originaria no es sentida como una necesidad o tarea por hablantes con alta conciencia lingüística, identificados con su origen quechua, generándose otro tipo de ideología lingüística que el construido desde la visión académica. Por otro lado, el valor emblemático del quechua se ve fortalecido por la capacidad de resistir el mundo de la ciudad sin que sea evidente el esfuerzo por trascender ese valor para propiciar el ingreso a la modernidad.